
« La entrada y patio de la casa de Teresa Pantoja eran de puro tipo toledano, mitad empedradillo, mitad de baldosín rojo, muy limpio, recién fregoteado; las paredes como acabadas de enlucir; el patio ajardinado con matas de evónymus en arriates o en barriles pintados de verde; y a lo largo del zócalo azulejos descabalgados de mil trazas y dibujos distintos, como procedentes de demoliciones de patios o monasterios... Los postes que daban forma claustral a dos lados del patio eran de pino antiquísimo sin pintar, de un caliente tono de yesca, secos y un poco desplomado, sosteniendo con la carcomida zapata las apandadas vigas. Las ventanas altas lucían pintura de un verde agrio, las paredes en blanco cegador del yeso. Concluía la decoración, en un ángulo del patio, brocal de berroqueña, musgoso en la base. Reforzado por zunchos de hierro, con su polea pendiente de la horca y un historiado cacharro para extraer el agua. »
Benito Pérez Galdós. Párrafo de Ángel Guerra